Alquimistas del Sonido

Alquimistas del Sonido

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Tras todo estos años dedicados al mundo audiovisual, especialmente al mundo del sonido, me he dado cuenta de que reinan dos perfiles profesionales claramente diferenciados que, con sus características y motivaciones, han ido construyendo el devenir del sector.

Unos llegaron aquí sin saber muy bien cómo ni porqué, por un simple transcurrir de sus vidas que desembocó en este medio de trabajo de largas noches, horarios invertidos, problemas y estrés.

Los otros, sin embargo, fueron movidos por la vocación, por el deseo de formar parte de la cadena de procesos que consiguen que cualquier artista logre llegar a su público para emocionarlos, para impactarlos, para deleitarlos. En pocas palabras, son el grupo de románticos que actúan motivados por la necesidad de ser co-creadores de esta magia, y se entregan a esta profesión, desde el anonimato y con una convicción más cercana a la fe que a la lógica, para que un artista brille y alcance el mayor éxito posible.

El primer recorrido es lícito, no podría decir lo contrario, pero, sin duda, es ajeno a los valores que caracterizan un camino impulsado por la pasión: ese motor que protege y sostiene la excelencia, esa sensata locura que rompe esquemas y genera evolución. Y dicha diferencia, amigos, ha dañando gravemente al sector.

En estos últimos 10 años hemos visto cómo los grandes fabricantes, tenedores de las tecnologías y productos de calidad, poco a poco, han sido absorbidos por grandes grupos inversores que apostaban por dirigir todos los esfuerzos a la fabricación de un producto accesible para cualquier persona, sacrificando calidad con tal de penetrar en un mercado mayor. De ahí que, grandes marcas que habían despertado la admiración de muchos, ahora luchen por vender mesas o etapas a un precio 10 veces inferior, utilizando sin escrúpulos referencias que, durante muchos años y con el esfuerzo y conocimientos de los apasionados, habían logrado colocarse en lo más alto.

Esta realidad es pasada por alto ante una mirada ignorante, pero no ante aquéllos que amamos el sector y menos aún dado el momento en el que nos encontramos: momento de cambios y de nuevas formas que, sin duda alguna, hacen un claro llamamiento a la especialización y a la excelencia.

Todo ello me lleva a agradecer efusivamente las decisiones de los que, desde un claro convencimiento, apostaron siempre por un resultado profesional, negándose a aceptar ese “todo vale” que ha generado cierta decadencia en los valores de este trabajo y, por ende, cierta urgencia en el renfoque del sector.

Es momento de recordar cuál es la esencia de nuestra profesión, una esencia que permite dar forma, visible y/o audible, a la energía que moviliza al ser humano: las emociones. Somos alquimistas, magos del siglo XXI. ¿No merece eso un respeto supremo?

Para ello, es un deber trabajar, de forma unánime y acérrima, con producto profesional, de calidad y al precio adecuado, y exigir a nuestros fabricantes compromiso y responsabilidad, poniendo fin a la práctica ofensiva y degradante de introducir material semi-doméstico bajo la etiqueta de profesional.

Seamos serios, seamos honestos, seamos auténticos, pues sólo así lograremos reforzar la necesaria barrera que separa al profesional del aficionado, al trabajo excepcional del estándar despersonalizado. Cada formato debe ocupar el lugar que merece.

Y bajo este criterio de pureza, implicación y distinción, cabalgamos hacia un nuevo año cargado de novedades y tecnologías, propósitos para los que, en Media·Sys, llevamos meses preparándonos y que, sin duda, están al absoluto servicio de aquéllos ya clientes y de los que pronto lo serán, de los que desean aprender y de los que pretender evolucionar… En definitiva, un año de trabajo entre y para profesionales.

“Man is only great when he acts from passion.” – Benjamin Disraeli